El propolis o propóleo es una sustancia que se encuentra en las cortezas de los árboles y que las abejas procesan junto con cera y otros componentes en el interior de  las colmenas. Las abejas se sirven de esa mezcla para la construcción del panal, específicamente para cerrar cualquier agujero que la contacte con el mundo externo. Con el propóleo las abejas sellan la colmena y aseguran su supervivencia, pues no sólo sirve para tapar los huecos de su red, sino que es capaz de darle más estabilidad y lo más importante protegerla de enfermedades y enemigos. La recolección del propóleo se debe hacer a principios de primavera. Un panal puede llegar a producir hasta 300 gramos dependiendo de las condiciones.

El propóleo tiene una larga historia de uso medicinal, que data de 350 AC, la época de Aristóteles. Los griegos han utilizado el propóleo para los abscesos; los asirios lo han utilizado para curar heridas y tumores; y los egipcios lo han utilizado para la momificación.
Gracias a sus propiedades embalsamadoras el propóleo se ha utilizado desde tiempos milenarios para el tratamiento de heridas. Se sabe que era un producto útil para mejorar los procesos de cicatrización e impedir la infección. Por esta razón se le han concedido propiedades antibacterianas, antisépticas y antiinflamatorias.
El propóleo se utiliza para las infecciones producidas por bacterias (incluyendo la tuberculosis), por virus (incluyendo la gripe y el resfriado común), por hongos; para estimular el sistema inmunológico  y para el tratamiento de los problemas gastrointestinales, incluyendo la infección por Helicobacter pylori en la úlcera péptica;  como un antioxidante y un agente antiinflamatorio.
Se puede usar directamente sobre la piel para la limpieza de las heridas y para el herpes genital; como un enjuague bucal para acelerar la curación después de una cirugía oral; y para el tratamiento de las quemaduras leves.

Advertencias y precauciones especiales:
Embarazo y lactancia
: No existe suficiente información confiable sobre si resulta segura la ingesta de propóleos durante el embarazo o la lactancia.
Asma: Algunos expertos creen que ciertas sustancias en el propóleo puede empeorar el asma. Evite el uso de propóleo si usted tiene asma.
Trastornos hemorrágicos: Cierto químico presente en el propóleo podría disminuir la coagulación sanguínea. La ingesta de propóleo podría aumentar el riesgo de hemorragia en personas con trastornos hemorrágicos.  Por lo tanto, tenga cuidado si está medicándose con medicamentos que disminuyen la coagulación sanguínea (anticoagulantes/antiplaquetarios). De igual modo si se toman plantas o suplementos herbales que disminuyan la coagulación sanguínea, como angélica, clavo de olor, danshen, ajo, jengibre, ginkgo (Ginkgo biloba), Panax ginseng, entre otras.
Alergias: No utilice propóleo si usted es alérgico a los productos de las abejas, como la miel, a las coníferas, a los álamos, al bálsamo del Perú y a los salicilatos.
Cirugía: Cierto químico presente en el propóleo podría disminuir la coagulación sanguínea. La ingesta de propóleo podría aumentar el riesgo de hemorragia durante la cirugía. Detenga la ingesta de propóleo dos semanas antes de la cirugía.

Editado por Dra. Mª Dolores García-Agenjo Marín
Médico Homeópata y Acupuntor
Colegiada 41/4110943

 

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